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Poesía emergente en Nicaragua y El Salvador


Trilces Trópicos
Poesía emergente en Nicaragua y El Salvador
Selección y Prólogo de Joan de la Vega
La Garúa Libros
Barcelona, España 2006

Por Mario Martz D´ León

Trilces Trópicos es un viaje a la imaginación de la nueva palabra escrita en Centroamérica, formada a su vez por una amalgama de imágenes, un suburbio rural de la perceptualidad donde autor y lector se reencuentran con el antiguo ritual del discurso. Son catorce voces de Nicaragua y El Salvador, provenientes de diferentes épocas, donde la actual poesía cobra facturas con mora a la tradición literaria hispanoamericana.


La obra compila el trabajo del salvadoreño Jorge Galán, quien obtuvo en España, en 2006, el reconocido Premio Adonais. Otros autores también se alzan por parte de Nicaragua, como el caso de Francisco Ruiz Udiel, Eunice Shade, Douglas Téllez y Héctor Avellán. Esta muestra pretende, según su editor, Joan de la Vega, corregir el error de “la llamativa ausencia de autores latinoamericanos nuevos en el panorama editorial español”.


De un paseo triste y a la vez alegre por los pasillos del mundillo literario, de pies y manos, a como afirma Nora Méndez, (El Salvador, 1969), nace una lágrima horizontal, confinada por las viejas reminiscencias. Ya no hay sal en la herida, arremete Susana Reyes (El Salvador, 1971), como una expresión rabiosa por el desamparo de la vida y el último eco de ahombrada voz en la oscura estación del trópico.


El comentario en común de los que reviven el eterno paseo a través de la poesía, es el grito del perverso deseo que provoca el imaginario colectivo de la actual literatura hispanoamericana.


Publicado originalmente en el número 29 de la revista www.caratula.net

De lecturas previas con Bartleby & Compañía

Uno como joven escritor siempre anda en busca de qué leer y cómo leer las grandes obras de los maestros clásicos, e igual a los contemporáneos. A veces comparto mis lecturas y deslecturas con mis compañeros del oficio o del Colectivo Literario. Nos reunimos para deducir si el tiempo invertido ha sido en la lectura de un buen libro. Siempre digo si, y me gusta callar cuando escucho al otro hablar. Admito que mi esmerado desorden de lectura, es el que me ha enseñado cómo y cuándo leer. A veces es necesario leer mientras escribe, otras veces no. Hay libros que merecen una lectura exclusiva.

Me avergüenza decir, que en un compartimiento del tren literario (el-la Internet) se guardan cosas pequeñas y grandes, al igual que sorprendentes. Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es uno de esas grandes cosas imperfectamente maravillosas, una obra que responde al cuestionamiento de todos aquéllos que se han alejado de la escritura creativa. Aquéllos como Juan Rulfo, que crean el pretexto y mito de compostura creadora, con eso de que son conocidos por uno o dos libros. Vila-Matas, pregunta y responde, con la ingenuidad de un niño que no sabe qué hacer con una biblioteca llena de libros antiguos, que posiblemente nunca llegará a leer, por miedo a que el tomo primero lo devore al abrir la primera página.

Todo aprendiz del oficio siempre está pendiente de las novedades literarias, de saber qué se está escribiendo en otra región y qué maestros del género pueden orientarnos en nuestra búsquedad. Siempre, al salir de una conversación con un viejo de la escritura, me reparto camino a casa dando botes, cómo si fuera el anuncio de un nuevo regalo de cumpleaños.

La sopresa ya no es sorpresa, porque acabamos por descubrir que hay libros que fueron escritos hace mucho tiempo y que la única lectura que consta en su ficha de registro, es la nuestra, razón por la cual terminamos orientándonos en sentido contrario a lo que buscamos.
Es probable que este texto decepcione a unos cuantos, pero sé que esos cuantos volverán a este texto mucho tiempo después.